Dolor Mecanismo de Defensa

EL DOLOR COMO MECANISMO DE DEFENSA

La historia de la fisioterapia ha estado históricamente vinculada a su eterno caballo de batalla: el DOLOR. Muchos tan siquiera entenderían nuestra profesión sin vincularlo directamente a todas aquellas disfunciones y handicaps que supone sufrir dolor.

No en vano casi todos los diagnósticos traumatológicos que acaban en nuestras consultas llevan consigo el sufijo “-algia”, que describen, sin ninguna precisión por otra parte, la estructura en la que experimentamos dolor.

Y digo bien, experimentamos, ya que no hay más que hablar con aquellos que sufren dolor crónico para entender lo que el sufrimiento diario de este problema supone. Una experiencia agotadora y que puede llevar al individuo incluso al aislamiento.

Bajas laborales, interminables colas en los servicios de urgencias, cientos y cientos de medicamentos consumidos por parte de estos “sufridores”, que suponen un gran impacto no sólo emocional, sino que también se puede palpar a nivel socioeconómico. El 80 % de las personas han sufrido dolor de espalda y más de 1 millón de personas no acuden a su puesto de trabajo de media cada día, según recoge Randstad. Entre ellas, el 73,6% se ausentaron por incapacidad temporal, mientras que el 26,4% restante (276.968 personas) lo hicieron pese a no estar de baja (Fuente:  epdata). ¿No os parece cuanto menos, preocupante?

¿Y qué estamos haciendo para solucionarlo?

Estamos habituados a luchar contra el dolor, a pedir a nuestros pacientes que lo afronten, que se anticipen a él o en algunos casos incluso les pedimos que se acostumbren.

Gastamos millones de euros en medicación, desarrollamos cientos de técnicas para su tratamiento y compramos aparatología que promete erradicarlo…

¿Pero acaso entendemos cómo funciona?

Las nuevas tendencias en fisioterapia del dolor lo explican de una manera sencilla, sin todas aquellas teorías complejas que hablan de vías sensitivas, secreción de endocrinas o “gate control”. Las nuevas tendencias se centran en que el paciente entienda el dolor y el porqué se produce.

Lo que sabemos es que el dolor es un “mecanismo de defensa”. Un software que tenemos instalado en nuestro hardware (el cerebro), y que, como si se tratase de inteligencia artificial, va aprendiendo.

Para garantizar nuestra supervivencia, el ser humano tiene capacidad de identificar posibles agentes agresores, ya sea fuego, instrumentos punzantes, impactos…etc.

Cuando el cerebro interpreta que cualquiera de esos agentes está ocasionando una lesión que pone en riesgo nuestra integridad, activa sus alarmas en forma de dolor.

Pero no se queda ahí, aprende de ello. Es más, en la mayoría de las ocasiones, nuestro cerebro no necesita vivir en primera persona ese dolor, basta con que su entorno, con que su cultura, sus ancestros, o el vecino de enfrente se lo cuente, le transmita esa experiencia o esa creencia, para que el cerebro se anticipe.

Así pues podríamos decir que el dolor es una respuesta defensiva basada en vivencias, creencias y expectativas para evitar poner en riesgo la integridad del ser humano y que por lo tanto la intensidad de esa alarma que llamamos dolor depende más de estas expectativas que del daño que se ha producido.

Suena complejo, pero lo vemos cada día…

TESTIMONIOS

“Me ha dolido todos los días y hoy que vengo a verte ya no me duele.”

El cerebro interpreta que el problema ya está encaminado y por lo tanto el riesgo baja y la alarma también.

“No me dolía pero ahora que estoy pensando en ello me duele más.”

El cerebro focaliza y analiza de manera exacerbada la situación generando más alarma.

“Me dolía un montón y ha sido empezar a hacer ejercicio y se me ha pasado completamente.” 

Has demostrado a tu cerebro que no hay porqué preocuparse, aquella hernia responde bien al impacto y no como te habían contado.

“Me hicieron una resonancia en una revisión rutinaria y me vieron una hernia. La verdad es que nunca había tenido problemas, pero ahora me empiezo a notar la espalda…”.  

Tu cerebro como no puede ver dentro, no conoce adaptaciones o alteraciones estructurales, que en la mayoría de los casos son totalmente inocuas, y al evidenciarlos en una prueba que consideramos relevante, activa sus alarmas.

Y ¿qué deberíamos hacer?
Bajo mi punto de vista la mejor manera de gestionar el dolor es dejar de meter miedo al paciente, restarnos importancia a los terapeutas y aportar la máxima evidencia a nuestras terapias.
“La buena gestión de la carga física evitando reposos prolongados y miedos al movimiento, hábitos saludables adecuados y una vida activa tanto a nivel mental como físico son claves para la buena gestión del dolor”
No solo tenemos que entender el dolor nosotros, sino educar a la sociedad y enseñarles a gestionar su propia realidad.

Alex Vallés

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